"alpargatas si, libros no". ***
Casi un millón de adolescentes están de vacaciones y lo seguirán estando cuando comiencen las clases, dentro de veinte días. No estudian ni trabajan, nadie les toma lista ni los controla y tal vez no sepan que integran el triste lote de jóvenes que tienen hipotecado su futuro.
Es el diagnóstico brindado en una reunión de rectores del Consudec sobre la crisis educativa que afecta principalmente a la escuela secundaria. Para el Gobierno no son esas las cifras, pero comparte la preocupación y el panorama expuesto por la Iglesia
La cifra de casi 900 mil chicos que no estudian ni trabajan representa, según informa el diario La Nación, el 17% de los 5,2 millones de chicos de 13 a 19 años que están hoy fuera de la escuela.
El dato fue brindado por el obispo de San Isidro y presidente de la Comisión de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto, en Salta en ocasión de un nuevo curso de Rectores del Consejo Superior de Educación Católica y frente a más de 1500 docentes y directivos de todo el país.
A su vez, el obispo de San Isidro reclamó acciones urgentes a todos los sectores de la sociedad y dijo que la educación es una herramienta vital para lograr la inclusión social. Y por un Bicentenario en justicia y solidaridad, Casaretto incluyó a los gremios, que defienden sus legítimos derechos, pero que afecta la formación de los más pobres y fomentan la exclusión por los efectos que producen los paros docentes.
En tanto, monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata y presidente de la Comisión de Educación Católica del Episcopado, dijo que se está ante una profunda emergencia educativa y que de no cambiar con inteligencia y celeridad afectará negativamente en el porvenir de las jóvenes generaciones.
Por su parte, en diálogo con el matutino, el ministro de Educación, Alberto Sileoni, negó la cifra pero aclaró que compartía la preocupación y el diagnóstico de la Iglesia.
Los datos del barómetro
Si bien la Iglesia se basó esta vez en datos surgidos de estudios de la Cepal y de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el informe del Barómetro de la Deuda Social que desde hace tres años viene presentando la Universidad Católica Argentina arroja datos complementarios.
Señala, por ejemplo, que el 35% de los adolescentes de 13 a 17 años están en situación de déficit educativo: no asisten al colegio o están rezagados y cursan años inferiores a los que corresponden por su edad. Son 1.300.000 chicos (sobre un total de 3.700.000 de chicos en esa franja de edad) y el valor de la estadística es que advierte sobre los potenciales candidatos a la deserción, ya que la repitencia, como se sabe, es el antecedente inmediato de la deserción.
El déficit educativo (un indicador formado por los que no asisten a la escuela y los que repiten) es devastador en los últimos tramos del secundario. Entre séptimo grado y segundo año, asciende al 20% en las escuelas del país. Pero entre tercero y quinto es del 41%, formando una población de 950.000 adolescentes con una alta propensión a no terminar el colegio. Esos promedios esconden realidades más lacerantes, ya que el índice trepa al 65% en el quinto formado por el 25% de las familias más pobres.
Según advierte Ianina Tuñón, directora del último estudio del Barómetro de la Deuda Social, la continuidad de los informes permite constatar la tendencia en el universo estudiado. Y, así, advierte que en los últimos tres años "no se perciben cambios" que permitan vislumbrar mejoras en el área educativa.
Si bien el propio Sileoni y varios especialistas admiten que el problema de la deserción escolar es serio, es poco lo que se ha avanzado. No hay en las escuelas personal encargado específicamente de advertir en forma temprana, cuando comienzan a reiterarse las inasistencias, los casos de alumnos con riesgo de abandonar la escuela. Y más allá del dato estadístico de la deserción, lo preocupante es que la mayoría de los que abandonan se alejan en forma silenciosa, empujados por una sucesión de fracasos que le impiden encontrarle sentido a su futuro.