
Este día rinde homenaje a una de las tradiciones más profundas de la cultura argentina. Entre rituales cotidianos, historia ancestral y una costumbre que atraviesa generaciones, el mate vuelve a ocupar el centro de la escena como símbolo de identidad, encuentro y pertenencia.
Cada 30 de noviembre Argentina celebra el Día Nacional del Mate, una fecha que rinde homenaje a una de las costumbres más arraigadas y federales del país. La efeméride fue instituida por la Ley 27.119 en 2015, en reconocimiento a la figura de Andrés Guacurarí y Artigas, gobernador guaraní de Misiones y uno de los principales impulsores de la producción y consumo de yerba mate en la región litoraleña.
El mate, que atraviesa generaciones y fronteras, es mucho más que una infusión: es un símbolo de encuentro, compañía y ritual cotidiano. Según datos del INYM (Instituto Nacional de la Yerba Mate), el consumo anual supera los 280 millones de kilos, lo que lo convierte en la bebida más tomada por los argentinos, por encima del café, el té y las gaseosas.
A pesar de su fuerte raíz histórica, el hábito matero se reinventa: conviven el mate clásico, el de acero o vidrio, los blends saborizados, las yerbas orgánicas, los termos inteligentes y hasta aplicaciones que enseñan a “cebar bien”. La costumbre también se expandió fuera del país, especialmente en Uruguay, Paraguay, Chile y diversas comunidades migrantes en Europa y Estados Unidos.
El mate nació en territorio guaraní, donde la yerba era utilizada tanto como bebida energética como con fines ceremoniales. Con la llegada de los jesuitas y el desarrollo productivo en Misiones y Corrientes, la infusión se consolidó como parte esencial de la vida cotidiana en el virreinato y, más tarde, en todo el país.
Hoy, la fecha del 30 de noviembre busca destacar no solo el consumo del mate, sino también la identidad cultural que representa: el gesto de compartir, la pausa en medio del trabajo, la ronda entre amigos o familiares y la noción de comunidad que se construye a partir de un objeto tan simple como una calabaza, una bombilla y un poco de yerba.
La actividad yerbatera moviliza a miles de productores y trabajadores, principalmente en Misiones y Corrientes. En los últimos años, la cadena productiva incorporó tecnología, normas de calidad, nuevos cultivos y estrategias de exportación que posicionaron al mate como un producto con creciente valor internacional.
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