
Nos vemos en la sala Octavio Paz de la Casa de América, en Madrid, un abigarrado espacio desde cuyas ventanas emplomadas se divisa el perfil del palacio de Linares, así que rompemos el hielo hablando del fantasma que, según algunas crónicas, habita intramuros. Marlen Estévez —traje negro y blanco, joyas a tono, manicura y peinado impecables—, es una mujer alta y esbelta, guapa sin apabullar, que mira con franqueza a los ojos ofreciendo los suyos y trata de caer bien instantáneamente. Se la ve pletórica. Acaba de clausurar el primer foro del Club Hispanidad Futura, del que es fundadora, y esta tarde vuela a Colombia para una mediación entre partes. De pie ante una enorme e imponente mesa de reuniones, insiste en que sea yo quién elija primero dónde y cómo sentarme, y solo después se sienta ella y se ofrece a la charla.
LOS RENGLONES TORCIDOS DE MARLEN
De pequeña, Marlen —“Me llamo Elena, pero me llamaron así para distinguirme de otras Elenas de la familia”— Estévez (Madrid, 42 años) quería ser periodista o actriz. De familia de juristas y artistas, la niña Estévez no soportaba la injusticia ni siquiera en su grupo de amigas y se decantó finalmente por estudiar Derecho. Con un aplastante currículo, Estévez es, a sus 42 años, socia y directora del Departamento de Litigación, Arbitraje y Mediación y miembro del Consejo de Administración de RocaJunyet Abogados, fundadora de Women in a Legal World y fundadora del Club Hispanidad Futuro, entre otras labores. Las aborda, afirma, con una mezcla de disciplina, pasión y cabezonería, y le han servido su curiosidad y su pasión de periodista y actriz en potencia, “aunque no sea por el camino recto”. Lo que más le impone, sin embargo, es su inminente papel de mediadora y negociadora en la adolescencia de sus dos hijos. Ahí no tiene ni experiencia ni hay nada escrito.





