El expresidente de Honduras al que Trump pretende indultar inundó EE.UU. de cocaína

La NaciónLa NacionEl Mundo30/11/20253 Views

NUEVA YORK.– En una ocasión se jactó de que iban a “meter las drogas en las narices de los gringos”. Aceptó un soborno de un millón de dólares del Chapo Guzmán para permitir que los cargamentos de cocaína pasaran por Honduras. Un hombre murió en prisión para protegerlo.

Durante el juicio federal al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, en Nueva York, los testimonios y las pruebas demostraron cómo el político mantuvo a Honduras como bastión del comercio mundial de drogas. Orquestó una vasta conspiración de tráfico que, según los fiscales, hizo ganar millones a los carteles, al tiempo que conservaba a Honduras como uno de los países más pobres, violentos y corruptos de Centroamérica.

Donald Trump alegó un trato injusto para Juan Orlando Hernández

El año pasado, Hernández fue declarado culpable de cargos de tráfico de drogas y armas y condenado a 45 años de prisión. Fue uno de los casos de narcotráfico más contundentes que se han llevado ante un tribunal estadounidense desde el juicio al dictador panameño, el general Manuel Noriega, tres décadas antes.

Pero el viernes, el presidente Donald Trump anunció que indultaría a Hernández, de 57 años, a quien calificó como víctima de persecución política, aunque Trump no ofreció pruebas para respaldar dicha afirmación. Sería una resolución que pondría de cabeza un caso que para los fiscales fue una cumbre, con el que se asestaba un golpe al corazón de un narcoestado.

Los fiscales dijeron que Hernández fue clave en una trama que duró más de 20 años y que introdujo unas 500 toneladas de cocaína en Estados Unidos

El juicio de dos semanas a Hernández en Manhattan, y los procesos previos de sus socios, ofrecieron una visión de un mundo de corrupción y narcotráfico que abarcaba varios países. Destacaron las bolsas de dinero en efectivo, una ametralladora con el nombre de Hernández grabado en ella y los sobornos del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, el capo mexicano conocido como El Chapo.

Los fiscales dijeron que Hernández fue clave en una trama que duró más de 20 años y que introdujo unas 500 toneladas de cocaína en Estados Unidos.

“El pueblo de Honduras y Estados Unidos sufrieron las consecuencias”, dijo Merrick Garland, entonces fiscal general, en 2024, después de que Hernández fuera condenado.

El entonces presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, habla durante una conferencia de prensa en la Casa Presidencial en Tegucigalpa, Honduras, el 24 de marzo de 2021

Honduras, un país de unos 10 millones de habitantes, ha estado vinculado a Estados Unidos durante mucho tiempo: primero como sede de extensas plantaciones de bananas propiedad de la United Fruit Company, después como sede de una base clave para los esfuerzos de contrainsurgencia respaldados por Estados Unidos y, más tarde, como puesto militar para la lucha contra el narcotráfico.

Cuando las rutas del narcotráfico empezaron a desplazarse hacia Centroamérica en la década de 2000, Honduras pasó a desempeñar un papel en el trasiego de la droga, al trasladar cocaína desde América del Sur hacia México y la frontera estadounidense. Durante esa década, el tráfico aumentó, junto con la tasa de asesinatos, y los narcoaviones llegaban con regularidad. El golpe de Estado de junio de 2009, que derrocó a Manuel Zelaya, presidente de izquierda del país, inauguró una época dorada de narcocorrupción.

Hernández, a diferencia de muchos políticos latinoamericanos, surgió de raíces humildes. Uno de más de una decena de hermanos criados en una región cafetalera y rural, se hizo abogado y llegó al Congreso. Como presidente, Hernández dijo a las autoridades estadounidenses que estaba haciendo todo lo posible por acabar con el narcotráfico.

Ascenso político con financiación turbia

Pero los fiscales dijeron que su carrera política se había visto impulsada por el dinero del narcotráfico ya en 2009, cuando aún era legislador y buscaba dirigir la legislatura hondureña. En el Mundial de Fútbol de Sudáfrica de 2010, Hernández fue fotografiado sonriendo y saludando con el pulgar levantado junto a un conocido jefe de un cartel hondureño.

Hernández se presentó a las elecciones presidenciales por el conservador Partido Nacional y fue elegido en 2013. Los fiscales dijeron que Hernández se apoyó en sus conexiones con los carteles más poderosos del mundo para financiar su campaña, incluido un soborno de un millón de dólares del Chapo.

Utilizó las armas y el poder del Estado para sus propios fines, según los fiscales, los jurados y los hondureños, que llegaron a despreciarlo. La amenaza de ser extraditados a Estados Unidos hacía que los narcotraficantes estuvieran ansiosos por sobornar a quien pudiera protegerlos, dijeron los fiscales, y llegaron a saber que podían confiar en Hernández.

Hernández ordenó a la policía y al ejército que cuidaran a los traficantes que le pagaran, y prometió protegerlos de la extradición a Estados Unidos

Hernández ordenó a la policía y al ejército que cuidaran a los traficantes que le pagaran, y prometió protegerlos de la extradición a Estados Unidos. En una ocasión, Hernández aseguró a un traficante de cocaína hondureño que “para cuando los gringos se enteren, habremos eliminado la extradición”, según los fiscales.

Hernández llegó a jactarse: “Vamos a meter la droga en las narices de los gringos, y nunca se van a enterar”, según un testigo que declaró en un juicio de 2021 contra un narcotraficante.

Los investigadores dijeron que Hernández llegó a extremos despiadados para cubrir sus huellas. Un acusado de conspirar con el mandatario fue asesinado en una prisión hondureña para proteger al presidente, según documentos judiciales. Utilizó dinero del narcotráfico para manipular el voto en dos elecciones, decían los documentos.

En 2017, Hernández se convirtió de nuevo en presidente después de unas elecciones tan plagadas de acusaciones de fraude que se produjeron días de violencia y unas dos decenas de personas murieron mientras los militares tomaban medidas enérgicas.

El presidente hondureño Juan Orlando Hernández de pie junto a su esposa Ana García, durante la ceremonia de juramentación para su segundo mandato en el Estadio Nacional en Tegucigalpa, Honduras, el 27 de enero de 2018.

Los hondureños, divididos políticamente desde hace mucho tiempo, se unieron en la indignación. El grito “Fuera JOH” se oía no solo en las protestas, sino también entre las enormes caravanas de migrantes que marchaban hacia el norte, compuestas de gente harta de la pobreza y la corrupción rampante.

Públicamente, Hernández negó cualquier implicación en el narcotráfico. Y sus conexiones con Estados Unidos siguieron siendo fuertes.

El presidente Barack Obama lo calificó como uno de los “excelentes socios” que apoyaban la labor de disuadir a los niños de ir a Estados Unidos. Trump lo reconoció como ganador de la disputada votación de 2017, y contó con él para ayudar a frenar el flujo de personas y drogas. El gobierno de Joe Biden lo consideraba un aliado clave en Centroamérica en su intento de controlar la migración.

Una bandera nacional hondureña, en la elección para reemplazar a Hernández

Pero la podredumbre se hizo evidente cuando el hermano de Hernández, Tony, fue detenido en Miami en 2018 tras ser vinculado a una organización de traficantes.

Durante el juicio del hermano menor en 2019, un exalcalde hondureño e importante narcotraficante describió cómo un socio del Chapo había entregado el soborno de un millón de dólares: dinero en efectivo envuelto en fajos de plástico de 50.000 y 100.000 dólares.

Los fiscales mostraron una ametralladora con el nombre de Hernández grabado en ella.

En febrero de 2022, semanas después de dejar el cargo, Hernández fue detenido a petición de Estados Unidos

En febrero de 2022, semanas después de dejar el cargo, Hernández fue detenido a petición de Estados Unidos; dos meses después fue escoltado hasta un avión con las manos esposadas y extraditado.

En el país que una vez gobernó estallaron fuegos artificiales.

Su propio juicio mostró con espeluznantes detalles cómo Hernández había prometido acabar con las bandas de narcotraficantes, mientras que se asociaba con ellas, según declaraciones de fiscales y testigos.

Devis Leonel Rivera Maradiaga, exdirigente de una banda llamada Los Cachiros, quien admitió estar implicado en la muerte de 78 personas, declaró que había sobornado a Hernández con 250.000 dólares entregados a la hermana del presidente, Hilda, a cambio de protección.

Otro traficante declaró que había entregado personalmente una coima: “Pagué 250.000 dólares como soborno a Juan Orlando Hernández”.

Hernández fue condenado por tráfico de drogas y conspiración con armas en una sala abarrotada de hondureños deseosos de ver su caída.

Juan Orlando Hernández utilizó el financiamiento del narcotráfico para manipular dos elecciones

Cuando fue sentenciado en 2024, Hernández habló durante casi una hora ante el tribunal, aireando teorías conspirativas y agravios mientras se presentaba como víctima de una “persecución política”. En una extensa carta, Hernández citó a Edmund Burke, Martin Luther King Jr. y la Biblia.

“La investigación y el juicio en mi contra está lleno de errores, de injusticias que se han convertido en un linchamiento a través del Sistema judicial de Estados Unidos”, escribió Hernández. “Los fiscales y agentes no hicieron la debida diligencia en la investigación para conocer toda la verdad”.

Para muchos hondureños, su condena fue una rara muestra de justicia. Una mujer que se encontraba entre la multitud que celebraba su condena en el exterior del tribunal sostenía un cartel en el que advertía que no tendría que haber perdón para la narcopolítica.

Pero el sábado, Trump dijo en un comunicado a The New York Times que “muchos amigos” le habían pedido que indultara a Hernández: “Le dieron 45 años porque era el Presidente del país; se podría hacer esto a cualquier presidente”.

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