

El Teatro de la Abadía, en Madrid, ocupa el edificio de una antigua iglesia, la de la Sagrada Familia, en el a la vez modernito y tradicionalísimo barrio de Argüelles. Quedamos allí, a la hora de comer del primer día de verdadero calorazo en la ciudad, con Adriana Ozores, miembro de una familia sagrada de actores. Cuando llega, posa primero para el fotógrafo, con el que coincidió hace casi una década en otra entrevista, y después, buscando el fresco intramuros, charlamos en el mismísimo escenario. Aquí, bajo la imponente cúpula y ante la intimidante platea vacía del templo, habitado tan solo por un árbol de atrezzo, ultima Ozores estos días con sus compañeros de elenco los ensayos antes del estreno de El Jardín Quemado, de Juan Mayorga. Reservada y cauta, a la vez que amable, la entrevistada deriva siempre la conversación a la obra, más que a su persona. Al marcharme, me la encuentro saliendo por la puerta de atrás para sacar a pasear a su perrita, Peliche, un “bebé” de dos años al que lleva consigo, siempre que puede, a rodajes, ensayos y funciones. Una mujer y una actriz singular, la Ozores. El día de la entrevista, 21 de mayo, cumplía 67 años.

Cuando nació Adriana Ozores (Madrid, 67 años), su padre, el actor José Luis Ozores, y su madre, la bailarina Concepción Muñoz, ya habían pisado muchas tablas, así como sus tíos, Mariano y Antonio. Nieta, hija, hermana, sobrina y prima de actores y actrices, la niña Adriana quería ser pintora. Pero la interpretación se cruzó inevitablemente en su camino y, desde entonces, aunque sigue pintando, la actuación, en teatro, cine y televisión, ha sido su mayor vehículo creativo. Quien empezó haciendo zarzuela y revista, se consagró como gran actriz en la Compañía Nacional de Teatro Clásico, ha ganado un Goya, alcanzó la popularidad masiva en la tele y, ahora, estrena en el teatro de la Abadía de Madrid 'El jardón quemado', la nueva obra teatral de Juan Mayorga, acompañada de Loreto Mauleón. Una obra, inspirada en el encarcelamiento de un poeta republicano en un psiquiátrico durante la Guerra Civil, en la que se ahonda sobre la memoria, la locura y la cordura y sus trampas.






