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Alexandra García Tabernero, la fiscal española que descubrió que su tío fue coronel en la dictadura argentina

Escribe en ‘Carta al coronel’ la historia de su viaje a Argentina para conocer quién fue su familiar, un subjefe de la policía que murió preso sin llegar a ser juzgado.

Alexandra García Tabernero (Barcelona, 1991) es fiscal de la Audiencia de Barcelona, profesora de Derecho Penal y una experta y apasionada de la Justicia Internacional. Trabajó en la Corte Penal Internacional y en el Tribunal para la Antigua Yugoslavia. Su currículum es aún más extenso, pero esta entrevista no es a la Alexandra fiscal. O no solo a ella. Es a la Alexandra que un día, en una comida familiar, descubrió que un familiar suyo, de la parte que emigró a Argentina, podía haber tenido “problemas” con la Justicia. Intentó saber más, pero no lo logró hasta que, 12 años más tarde y gracias a una de sus tías, apareció ya el nombre del coronel Reinaldo Tabernero. Su tío.

A partir de ahí empezó una investigación que concluye con un libro, Carta al coronel (Debate), en el que la autora reconstruye la historia real de su viaje a Argentina para conocer quién fue su tío, mano derecha del general Ramón Camps que se desempeñó en la subjefatura de la Policía bonaerense entre el 29 de noviembre de 1976 y el 14 de diciembre de 1977.

Murió preso en 2007 a los 85 años sin llegar a ser juzgado por los crímenes de lesa humanidad por los que se lo acusaba. Alexandra García Tabernero tampoco lo juzga aunque, como buena fiscal, señala los indicios en una carta que aspira a ser también una reparación para las víctimas de la atroz dictadura.

—¿Quién es Reinaldo Tabernero?

—Reinaldo Tabernero es mi tío y fue coronel del ejército argentino. En 1977, en plena dictadura de Videla, era subjefe de la policía de la provincia de Buenos Aires. Años después acabó preso, investigado por crímenes de lesa humanidad.

—Y usted sabe de su existencia casi por casualidad. 

—Sí. Yo volvía de Londres, de una estancia por un máster en la que justo había escrito sobre la orden de detención a Pinochet. Me puse a contarlo en una comida familiar en Barcelona. Alguien mencionó que tenía familia en Argentina y que uno de mis tíos de allí terminó, dijo, con problemas de esos con la Justicia.

—Qué frase. “Problemas de esos con la Justicia”.

—Exacto, como si no hubiera pagado una multa, como si hubiera tenido, no sé, un embargo por alguna cuestión de Hacienda. Pregunto en esa mesa y a partir de ese día también a otros familiares y nadie me confirma absolutamente nada. Ese comentario espontáneo termina arrinconado y de algún modo paso página. Acababa de volver de una estancia de máster y me pongo a pedir una beca para irme a Estados Unidos justo para profundizar en temas de derecho penal internacional, que es lo que a mí me había despertado vocación desde hace años.

Después estoy en La Haya, en casos de crímenes de lesa humanidad, de militares, precisamente. Terminado ese año vuelvo a España y me pongo a opositar, saco plaza de fiscal y empiezo a trabajar. Transcurren doce años desde esa comida. Pero en enero del 2025 estoy hablando con una de mis tías y le cuento que me voy a Argentina. No me da tiempo de mencionarle que es para visitar a unas amigas. Mi tía se confunde, se descuelga y de repente me dice, ‘madre mía, si investigas lo del coronel no te va a gustar’. Y ahí ya toca hueso.

—Y empieza a tirar del hilo.

—Ahí ya sí que me pongo a investigar a fondo, a solicitar documentación. Confirmo que se trata de un pariente mío llamando a una prima de mi tía que resulta que había elaborado un árbol genealógico. Esa prima de Barcelona me confirma que tenemos a una parte importante de nuestra familia en Argentina, porque de un pueblecito, de una aldea de La Rioja, una familia con seis hijos, cinco se fueron para Argentina a principios del siglo XX. Solamente uno de los hijos se quedó. Yo desciendo de ese, del mayor, el resto, todos los hermanos se fueron para Argentina y este militar, este coronel, es el hijo de uno de ellos.

—Su tía le dijo que no le gustaría lo que encontraría, pero en su familia tampoco sabían mucho de Reinaldo Tabernero.

—No sé todavía, a día de hoy, hasta qué punto mi familia española conocía detalles de todo esto. No termina de quedar nunca claro. Forma parte de esos secretos familiares vinculados a la idea de estigma, el peso social de la familia. Es un personaje que acabó preso. Allí era un cargo público conocido. Lo que yo descubro es que la gente en la provincia de Buenos Aires conoce mi apellido y que lo asocian a la dictadura, evidentemente.

—¿Por qué decide averiguar más sobre él?

—Lo único que tengo por seguro cuando emprendo el viaje es que tengo vínculo de parentesco con un coronel del ejército que fue jefe de la Policía con Videla. Que era subjefe de la Policía Provincial de Buenos Aires, y que terminó preso por crímenes de lesa humanidad. Esto es todo lo que yo sé, lo que hay en una primera búsqueda en internet.

Contacto con los archivos de memoria, con asociaciones de memoria, Abuelas de Plaza de Mayo… Ellos me facilitan toda la documentación que está pública y desclasificada. Han hecho un trabajo impresionante de documentación. Y empiezo a entrevistarme también con personas, sobre todo buscando a víctimas de 1977, de torturas, de apropiaciones de bebés, y me voy empapando de la época. No solamente de la figura en concreto de quién fue mi tío y qué había hecho, que eso era lo que a mí me obsesionaba más, sino que también necesitaba sumergirme al máximo en esa época para poder entender las implicaciones de lo que fue su figura y de lo que representó. 

—También reconoce que no era consciente de hasta qué punto le marcaría. 

—Sí, eso es así. Me voy con la intención y el objetivo de documentarme, de obtener información, casi como una labor periodística de investigación. Lo que me encuentro es con un montón de testimonios personales. Conozco a mi familia argentina y eso me traspasa todas las capas porque es muy distinto a leer lo que puede reflejar un documento. El testimonio vivo se convierte en un viaje emocional, en una montaña rusa porque atravieso un montón de emociones.

A la vuelta hay unos días en los que no puedo escribir, no puedo seguir. Había empezado a escribir la carta, y me bloqueo, porque tengo tal cóctel emocional, tanto conflicto interno, tanta emoción ambivalente, que me cuesta avanzar. Siento que me he acercado demasiado a él en este viaje. El hecho de saber que somos familia, que compartimos apellido, sangre e incluso apariencia física, según el fiscal del caso, y yo dedicándome a lo que me dedico hace que al principio se produzca un efecto inconsciente de querer exculpar. El buscar el resquicio, la versión exculpatoria posible, la duda razonable. ¿Y si estuvo en el cargo equivocado, en el momento equivocado? Es algo que pienso de forma inconsciente.

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