A cuarenta minutos de la Puerta del Sol, bajo una cruz de 150 metros, hay 33.849 cuerpos, más de 13.000 marcados como “desconocidos”, que nadie puede mirar. No están desaparecidos, sino tapiados, mezclados, sin nombre, en criptas selladas para que no vuelvan a abrirse jamás. El Estado lo sabe, nosotros lo sabemos, pero no podemos verlos. Esa imposibilidad no es un descuido administrativo heredado del franquismo sino, exactamente, lo que el franquismo quiso.
‘Atlas de la desaparición’: La lección invertida de Nuremberg

