
China ha dado un giro radical en el panorama automovilístico mundial. El gigante asiático, de ser el mayor mercado de coches del planeta, ha pasado a convertirse en el principal exportador mundial en 2024, superando por primera vez a Japón y Alemania con casi 5 millones de turismos exportados. Pero mucho ojo porque aquí viene el gran truco: la inmensa mayoría de esos coches que inundan el mundo son de gasolina o diésel, precisamente los que ya nadie quiere comprar dentro de China. ¿Por qué exportan millones de coches de combustión que rechazan en casa? En 2024 las ventas de coches de gasolina/diésel en China se hundieron un 17 % (de 14 a 11,6 millones) y ya solo representan el 51 % del mercado interno. El gobierno de Pekín fuerza la electrificación total con: Subvenciones masivas solo a eléctricos e híbridos enchufables Restricciones cada vez más duras a los coches de combustión en las grandes ciudades Cuotas obligatorias de vehículos “verdes” a los fabricantes Resultado: las fábricas chinas, con capacidad para más de 45 millones de vehículos al año (casi el doble de la demanda interna), tienen un excedente brutal de coches de gasolina que no pueden vender en casa. La solución: dumping masivo en el extranjero. Las principales trampas y tácticas de invasión Dumping encubierto y precios artificialmente bajos Los coches chinos llegan a Europa y Latinoamérica con precios hasta un 30-40 % más baratos que la competencia. Esto no es solo “eficiencia”: Subsidios estatales directos e indirectos (energía barata, terrenos gratis, préstamos sin intereses) Cadena de suministro controlada al 100 % dentro de China (baterías, acero, componentes) Tolerancia a márgenes negativos durante años para eliminar a la competencia local 2. Marcas “europeas” que en realidad son chinas MG (propiedad de SAIC), Lynk & Co (Geely-Volvo), DR Automobiles, Ebro,…
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