Este domingo a partir de las 21 (hora de la Argentina), la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood hará entrega de los Premios Oscar en el Dolby Theatre de Los Ángeles con la conducción del comediante Conan O’Brien por segunda vez consecutiva. Entre las diez nominadas a Mejor película, el máximo galardón de la noche, se encuentra Valor sentimental, el drama del director noruego Joachim Trier que también compite en otras ocho categorías, a saber: Mejor dirección, actriz protagónica (Renate Reinsve), actriz y actor de reparto (Elle Fanning, Inga Ibsdotter Lilleaas y Stellan Skarsgård), guion original, película internacional y edición. El film, que dura 133 minutos, se estrenó en salas de la Argentina el 25 de diciembre y ya está disponible en la plataforma de streaming Mubi.
En Valor sentimental, la familia disfuncional es el tópico que ocupa la superficie más visible de la trama, pero por debajo empiezan a aflorar otros asuntos, piezas de un rompecabezas narrativo que se va ordenando de a poco, con una cadencia y una profundidad que por momentos remiten a ciertas zonas de la obra de Ingmar Bergman, el auténtico prócer del cine escandinavo.
Nora —Renate Reinsve, que ya se había lucido en el film anterior de Trier, La peor persona del mundo (2021)— es una actriz de teatro tan exitosa y reconocida como neurótica que necesita inesperados estímulos (sexo rápido o un sopapo de su amante furtivo entre bambalinas) para escapar de súbitos ataques de pánico que ponen en riesgo la función del clásico de Ibsen Casa de muñecas que ella misma protagoniza en un teatro repleto.

Tras la muerte de su madre, Nora y su hermana Agnes —que lleva una vida familiar más armónica, pero también tiene cuentas pendientes del pasado— se reencuentran con un padre mayormente ausente (Stellan Skarsgård) que, lejos de abocarse a sanar esas heridas, mantiene firmes su soberbia y su displicencia. Es un cineasta de culto que está en el tramo final de su carrera, y su preocupación central es su próxima película, para la que no consigue financiación hasta que el encuentro fortuito con una joven estrella de Hollywood (Elle Fanning) le allana el camino para que una popular plataforma de streaming se haga cargo de la producción.
Arte, ego, culpa, deseo, crisis existenciales que pueden tener que ver con el paso del tiempo o no tanto… Trier sazona esta historia de desconciertos afectivos con todos esos condimentos, e incluso incorpora el recurso de la película dentro de la película como campo de batalla emocional.
Valor sentimental es desde el principio —cuando la preciosa casona estilo Dragestil, que tiene un peso importante en el relato, es presentada como un personaje más— hasta el final una historia atravesada por la melancolía.
Trier cuenta con el beneficio de un elenco muy afilado para sostener un andamiaje recargado de recursos de puesta en escena que también incluye citas y homenajes explícitos (a Persona, de Bergman, en una breve secuencia de rostros superpuestos que evoca a ese clásico de 1966, y a Otra mujer, justamente de la época más “bergmaniana” de Woody Allen, a través de la idea de escuchar secretamente una sesión de terapia ajena a través de las tuberías de calefacción de una casa con más de una planta). Embarcados en la exigencia de interpretar una larga serie de diálogos tan punzantes cuando van cargados de gravedad como en los momentos en los que relucen por su refinada ironía, todos resuelven con solvencia y logran dotar a la película del espesor sensible que demanda: el “valor sentimental” del título, en suma.
Trier ha declarado que quería dedicar esta etapa de su carrera a temas muy personales, y el de esta película que ganó el Gran Premio del Jurado en la última edición del Festival de Cannes, sin dudas lo es: su abuelo materno, Erik Løchen, fue un conocido cineasta y músico de jazz noruego que durante la Segunda Guerra Mundial formó parte de la resistencia y fue capturado por los nazis, un trauma que perduró toda su vida y que pudo procesar gracias a filmar películas. Como Gustav, uno de los grandes protagonistas de Valor sentimental, y el propio Trier, tan afecto a los juegos de espejos.