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“El hotel de los espías”: dentro del lujoso epicentro de la toma estadounidense de Venezuela

Diplomáticos, empresarios y marines estadounidenses se entremezclan en el hotel JW Marriott de Caracas mientras se cierran acuerdos y se reparten los recursos del país.

Durante el desayuno de uno de los hoteles más lujosos de Caracas es posible escucharlos. Se sirven huevos fritos, frijoles y arepas, mientras hablan del pasado, presente y futuro de Venezuela en conversaciones que a veces se vuelven susurros. Fragmentos oídos al pasar hacen referencia a las divisiones políticas del país, a una posible hoja de ruta electoral y al crecimiento económico impulsado por el petróleo.

Los que hablan sobre el rumbo del país tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro no son funcionarios del Gobierno venezolano. Antes que el español de esta parte del Caribe, lo que se escucha en el JW Marriott es el inglés de los espías, diplomáticos y funcionarios estadounidenses que, en gran medida, llevan las riendas tras la polémica intervención militar de Donald Trump el 3 de enero. En las mesas de al lado hay grupos de marines musculosos: llevan tatuajes en sus abultados gemelos, gorras de béisbol y walkie-talkies sujetos a la cintura.

“¿Cuánto tiempo se va a quedar, señor?”, pregunta la recepcionista a uno de los innumerables empleados del Gobierno estadounidense registrándose en el vestíbulo. “26 o 27 días”, responde el hombre en un español con marcado acento inglés.

Tras la decisión de Trump de derrocar a Maduro y restablecer relaciones con sus sucesores, este hotel de cinco estrellas se ha convertido en un centro neurálgico para Washington. Desde aquí trata de dirigir un país al que algunos llaman ahora protectorado estadounidense (el propio Trump ha llegado a decir que espera convertirlo en el estado número 51).

La embajada ‘de facto’

“Es [en la práctica] la embajada de EE.UU.. No creo que nadie vaya a trabajar en la embajada real”, dice Phil Gunson, que trabaja como analista político para el centro de estudios Crisis Group en Caracas. “El edificio está lleno de ratas y cucarachas, y se está fumigando”, añade Gunson en referencia a las instalaciones oficiales de la legación, clausuradas durante siete años desde que se rompieron las relaciones diplomáticas en 2019.

Las conversaciones que se escuchan en el restaurante del JW Marriott ofrecen un insólito panorama de la difícil situación por la que pasa Venezuela tras casi 13 años del caos económico y autoritarismo de Maduro.

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