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El mito de Rocío Jurado cruza el umbral de la inmortalidad

Aquel Rocío de hace más de 40 años, Manuel Calvillo tuvo una epifanía. Él, un joven gay de apenas 18 años del pueblecito de Zahara de la Sierra (Cádiz), removió cielo y tierra para conocer a su gran diva, Rocío Jurado (Chipiona, Cádiz, 1943-Alcobendas, Madrid, 2006): “Para mí era una diosa, me la comía con los ojos. Siempre me ha recordado mucho a mi madre”. A ese encuentro fugaz y cariñoso le siguió la revelación. Calvillo decidió consagrar todo su alter ego travesti, La Peligro, a ella y, de golpe, su ídolo se hizo musa. Cientos de tacones y más de una decena de pelucas cardadas después, La Peligro mantiene su pacto, pero La Jurado ya se fue, hace justo 20 años. El mito en el que se convirtió entonces a su muerte transita ahora hacia la inmortalidad.

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