Cuando una lograda serie se va para no volver al año siguiente, sobre todo si se trata de una comedia dramática mordaz, con protagonistas y secundarios muy bien trazados con los que nos encariñamos porque nos divirtieron y emocionaron alternadamente, vale tratar de hacerle una despedida como Dios y la Diosa Hécate mandan.
ARCHIVO – Confirmado por “Hacks”: lo que pasa en Las Vegas, no se queda en Las Vegas
Así es, nomás: aunque hubiera que esperar varios meses por su continuación (en otra época, las novelas eran diarias), y la calidad general tuviera algún que otro altibajo temporada a temporada, cuando llegaron a su final producciones del nivel de Los Soprano, Six Feet Under, Mad Men, Ripper Street y varios etcéteras, se producía un vacío en nuestras vidas de televidentes dependientes, una suerte de síndrome de abstinencia. Encima, en casos como los citados y ahora particularmente con Hacks, los capítulos de cierre estilan poner –con perdón, gente vegana– toda la carne en el asador, reaparecen personajes que extrañábamos volver a ver. Y, desde luego, los protagónicos ofrecen escenas culminantes inolvidables.

