TODOS QUEREMOS VOLVER a ese sitio que se llama “Disfrutar Muchísimo”. Un eco perfecto. Siempre que alguien deja “Disfrutar Muchísimo” atrás, al mismo tiempo que lo abandona, se hace una promesa: volver, volver alguna vez. Pero se aleja sabiendo que si vuelve ya no será lo mismo, y las expectativas crecen y lo hacen alejarse de la posibilidad de encontrar nada que se le parezca. Pero si no vuelve sentirá que se perdió algo para siempre, porque “Disfrutar Muchísimo” quedará intacto en algún lugar, inaccesible. Y si vuelve, la amarga sospecha de que se trata de una variante resignada sobrevendrá de inmediato, y el que ha vuelto nunca estará seguro de estar disfrutando muchísimo. Exigentes y tiranos, solemos someter a un examen de intensidad a cada buen momento, que siempre sale perdiendo frente al recuerdo de “Disfrutar Muchísimo”. La competencia es desigual. Volver es todo eso. Lo otro es el imposible de la palabra: jamás se repiten condiciones exactamente idénticas. ¿Tendrán todos los verbos esa insensatez?