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Juan José Becerra: “Milei es lo más parecido que vi en libros a una mula empacada”

El escritor acaba de publicar “Milei, el fenómeno verbal”, publicado por Siglo XXI Editores, donde analiza el discurso y las formas de decir recurrentes del Presidente o, cómo él mismo define, su “verbografía”. Para eso analizó sus primeras apariciones televisivas, sus libros y también “literatura trash” como Fernando Iglesias o Jorge Bucay.

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Juan José Becerra acaba de sumar un nuevo capítulo a la larguísima saga de análisis sobre los vínculos entre lenguaje y política. Su último libro, Milei, fenómeno verbal, es –como gusta de definirlo– una verbografía, una inmersión en los discursos y las formas de decir recurrentes del Presidente, desde sus primeras apariciones televisivas, allá por 2015, hasta hoy: los gritos, la jerga impostada, los insultos, las analogías sexuales. Para escribirlo, el autor pasó horas frente a entrevistas, streamings, redes y libros y otros textos del actual presidente. No sabe exactamente cuántas, pero de una cosa está seguro: fueron “demasiadas”. “De todas formas estoy acostumbrado a la literatura trash”, avisa, “he leído a Jorge Bucay, a Fernando Iglesias, a Sergio Bergman, a Hugo Wast, a Marcos Aguinis y hasta El manifiesto austrolibertario, de Pol Ventura, un estafador de jubiladas que Milei chapuceó a lo loco en su primer viaje a Davos”. Desde ese archivo tóxico, Becerra extrae algunas hipótesis sobre lo que sus usos de la lengua del Presidente dejan ver: una manera de vincularse con el saber, con la política y con los demás. Y se anima a vaticinar que ese estilo incorrecto, decisivo en su ascenso, parece haber ingresado finalmente en una fase de agotamiento.

– El subtítulo del libro es “El político que se hizo a sí mismo hablando”. Pero, ¿acaso no todos o la gran mayoría de los políticos se hicieron a sí mismos a través del habla, interviniendo en el relato, dejando sus marcas en el lenguaje de una época? 

–Es cierto que todos los políticos se hacen hablando, pero no únicamente hablando, como es el caso de Milei. Lo que lo distingue es tal vez esa exclusividad, la de ser un político que no necesitó de la política, excepto para reprobar su existencia con un lenguaje de supresión. Esa particularidad, que es propia de él y de nadie más, porque no se puede decir que sea propia de sus imitadores salvo como imitación, es la de hacer del lenguaje una especie de dios personal: que sólo exista lo que yo digo que existe, y del modo en que yo quiero que exista. Y al resto del campo donde se recortan mis gustos, por no decir al resto del mundo, directamente lo suprimo. ¿Por qué? Porque no me gusta que exista.

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