
Se puede llevar la vergüenza vicaria hasta límites insanos. Sentir una incomodidad profunda por los actos que cometen otros. Cabría justificarlo con la razón muy manida de la educación judeocristiana, pero más bien proviene, creo, del sentido de la honradez que te inculcaron los padres. Esa imaginación prospectiva que te hacía verte a ti mismo esposado si robabas. Solo merecía el perdón el que robaba por necesidad.





