
Todo empezó con una armadura para caballo en The Elder Scrolls IV: Oblivion. Costaba apenas 200 puntos (o dos euros) en la tienda en línea de la consola Xbox 360 en 2006. Eso era todo lo que hacía falta para recibir un objeto cosmético que no beneficiaba al jugador, pero modificaba su apariencia. “Aquella armadura de Oblivion no era algo normal y fue un escándalo. Ahora lo vemos muy inocente, pero los jugadores se quejaron. ‘¿Qué es esto de tener que pagar de nuevo cuando yo ya he comprado el juego?”, explica el historiador de los videojuegos e investigador en el Tecnocampus de la Pompeu Fabra Víctor Navarro Remesal. Veinte años después de aquel 3 de abril, ese lanzamiento que tantos chistes y burlas generó entre los jugadores se puede señalar hoy como la primera microtransacción del mundo de los videojuegos, una práctica que hoy supone casi el 60% de los alrededor de 200.000 millones que el sector genera cada año.