Saramago advirtió de que a los dioses del pasado los había sustituido uno implacable: el Mercado. Y, cuando hablamos del Mundial, queda bastante claro quién oficia la misa.
Lo confieso. Era el Mundial más largo y al final se me hizo corto. Quizá porque cumplí el reto de escribir sobre el torneo sin necesidad de ver más de tres minutos seguidos de un encuentro. “¿No querrás que vea los partidos?”, pregunté a José Precedo cuando me convocó para su especial. Fue entonces cuando sospechó que había llamado a la persona equivocada.
Esta distancia me permitió observar el fenómeno desde otro punto de vista. Cuando una deja de seguir el balón, empieza a entender el ritual. El fútbol tiene peregrinos, liturgias, santos, demonios, milagros y hasta objetos sagrados. Y si la religión era el opio del pueblo, aquí huele a hierba recién cortada.
Durante siglos hubo gente dispuesta a recorrer media Europa para contemplar una astilla de la cruz de Cristo, una gota de la leche de la Virgen o hacerse con un diente santificado cuya autenticidad dependía del entusiasmo del vendedor.
Ahora la FIFA toma el relevo y venderá pequeños cuadrados del césped de la final que disputarán España y Argentina. Desde 450 dólares, ofrece trozos de apenas 6,35 centímetros de lado encapsulados en una urna.
No es cualquier hierba, claro. Es hierba consagrada. Hierba que estuvo bajo el gol decisivo, el abrazo de los campeones o la lágrima del derrotado. El césped ya no es solo césped: es una reliquia.
Durante estas semanas ya habían preparado el terreno para un remate así. En este Mundial todo tenía un precio no apto para cualquier bolsillo. El verdadero milagro es que haya gente capaz de pagar eso por un poco de hierba que ni siquiera tiene fines recreativos.
Naturalmente, no todas las reliquias que vende la FIFA son iguales y estableció en su tienda diversos packs según capacidad adquisitiva. El fervor espiritual también admite diferentes presupuestos.
El modelo básico, Foundation Edition, es un cubo acrílico con el fragmento de césped y un USB con certificado de autenticidad. Si pagas el doble, 900 dólares, te envían la misma porción de campo, pero con “acabados premium”. Lo que quiera que sea eso.
La FIFA logró la cuadratura del círculo, literal. La edición Legacy, de 1.200 dólares, añade caja de lujo y una réplica en miniatura del balón de la final dentro de otro cubo. La versión más exclusiva se llama Hero Edition y cuesta 3.000 dólares. Es un pedazo de hierba algo más grande e incluye, además de la minipelota, una pequeña reproducción de la Copa del Mundo en cristal (que ya puede ser Duralex) y una entrada conmemorativa grabada en metal dorado que no sirve para entrar en ningún lugar.

