Hace treinta años, Barcelona acogió el 19º Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA). Sitúense. Las olimpiadas habían convertido esta ciudad —que gracias a proyectistas como Manuel de Solà-Morales y a políticos como Pasqual Maragall había recuperado su fachada marítima— en sinónimo de urbanismo de vanguardia. Las ciudades rompedoras son las que, sin necesidad de arrasar su pasado, son capaces de actualizarse para cuidar a sus ciudadanos. Pueden cuidarlos con infraestructuras como colegios u hospitales, con un sistema de transportes accesible o también con sombras, zonas peatonales, cada vez menos coches, y más plazas y parques vecinales.
Los arquitectos toman la palabra en Barcelona 30 años después

