
1. Solo estuve una vez cerca de la antigua canciller alemana. No puedo precisar el año, pero calculo que sería a mediados de su segundo mandato, y de lo que me acuerdo es de que era un 8 de marzo. Tampoco puedo explicar cómo, en cierto momento de ese día, me encontré en medio de la comitiva que seguía a Angela Merkel; solo recuerdo que formaba parte de un grupo de mujeres invitadas por el Instituto Goethe de Berlín a un debate sobre el poder emancipador del arte. Debió de ser pura casualidad el que nos uniéramos al grupo que la acompañaba. La señora, con su uniforme de chaqueta llamativa y pantalón negro, iba rodeada por un grupo de hombres fornidos que formaban un semicírculo detrás de ella, y por una maraña de cámaras que se desplazaba hacia atrás precediéndola. Sin embargo, desde donde me habían colocado, noté que el zapato derecho le quedaba suelto.





