Sin Milei ni Karina, el gobernador Kicillof compartió escena con Manuel Adorni, quien encabezó la comitiva oficialista en medio de las causas judiciales que lo tienen en la mira. Victoria Villarruel faltó a último momento.
La misa por el primer aniversario de la muerte del Papa Francisco en la Basílica de Luján condensó, en una misma escena, buena parte del ruido político del presente. La ausencia del presidente Javier Milei y de su hermana Karina por su gira en Israel llevó a que Manuel Adorni debiera exponerse. En medio de la investigación por presunto enriquecimiento ilícito, el jefe de Gabinete debió compartir escena con dirigentes opositores como el gobernador Axel Kicillof o la propia vicepresidenta Victoria Villarruel, que debía sentarse junto al él, pero que terminó ausentándose. Lo que en origen era una ceremonia religiosa terminó funcionando como una postal política de alto voltaje, atravesada por tensiones y señales cruzadas.
Con el Presidente fuera del país, la Casa Rosada optó por desplegar una representación amplia para evitar cualquier lectura de distancia con la figura de Francisco. Adorni encabezó la comitiva oficial y se ubicó en primera fila, junto a Martín Menem, el ministro Diego Santilli y el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala. También estuvieron el ministro de Defensa, Carlos Presti; de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger; de Salud, Mario Lugones; y de Seguridad, Alejandra Monteoliva. La presencia del jefe de Gabinete tuvo una doble lectura, institucional hacia afuera y de respaldo político hacia adentro.

