
Como las tildes de su nombre, las obras de Felix Gonzalez-Torres no existen, aunque un día estuvieran ahí. Sus trabajos son más bien ideas que otros reproducen y modifican. Nacen, crecen, se multiplican y mueren. Aunque no todas tienen esa cualidad efímera: también produjo algunos objetos duraderos como fotografías impresas y puzles. Y otros que solo existen para nosotros, aquí y ahora, como invocación, como un vídeo suyo del que solo se puede ver la cartela. Algunas de sus piezas, como sus pilas de caramelos y cartulinas, se pueden coger y llevar a casa sin temor a ser detenidos por la seguridad del museo, mientras que de otras se pide explícitamente que no se toquen.