Un siglo antes de que un plátano pegado a la pared con cinta aislante dinamitase la definición de arte, la Fuente de Marcel Duchamp, un urinario de porcelana prefabricado dado la vuelta, montado sobre un pedestal y firmado con seudónimo en 1917, hacía historia como obra fundamental de la vanguardia y, por extensión, como ejemplo de la renovación, o reinvención, del arte. Duchamp pasó a los anales por esa creación, y por pintarle bigotes y perilla a la imagen de la Mona Lisa, pero a lo largo de más de seis décadas de carrera apuró todos los estilos y cabalgó los siguientes, del impresionismo al dadaísmo o las instalaciones casi calderianas. Su obra es una perfecta cronografía del arte del siglo XX, pero también lo es la animada biografía de su autor.
Marcel Duchamp, el creador que hizo arte sin las manos

