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Muerte y resurrección del Café Central, el histórico club de jazz al que nadie protegió

Dos músicos subidos al balcón en la despedida del Café Central, este jueves en Madrid.

Los templos son lugares sagrados, pero en ocasiones no queda más remedio que llevarse los santos a otra parte. Esa insólita mudanza es la que hubo de afrontar irremediablemente este jueves el madrileño Café Central, con seguridad el club de jazz más reputado de la capital y uno de los imprescindibles del circuito europeo, obligado a cambiar de sede por imposibilidad de renovar su contrato de alquiler tras 43 años y medio de historia en su sede de la Plaza del Ángel. Quedan ya para los anales esas casi 16.000 noches de música en vivo, las transcurridas desde el 12 de agosto de 1982 hasta este mismo miércoles, con las únicas interrupciones de las semanas en que todo colapsó durante lo peor de la pandemia. Y queda también, para la memoria colectiva de la ciudad, la estampa inesperada de la multitud que este jueves asistió a la ceremonia simbólica del traslado: entre 1.500 y 2.000 personas, según la policía municipal, que en sus partes internos no preveía más de 300 asistentes.

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