Del rock de los años ochenta al tango contemporáneo, Daniel Melingo forjó una obra personal que lo convirtió en una de las figuras más originales de la música argentina y en un referente del tango alternativo.
Fue el autor de una de las canciones más bellas de Los Abuelos de la Nada y una de las pocas en Miguel Abuelo y Andrés Calamaro cedieron el micrófono. El tema arrancaba con el saxo que él mismo interpretaba y luego seguía su voz: A veces me imagino / Tu cara en la multitud, y digo / Que ya no te necesito / Que ya no te necesito / Chalamán (¡rastafa’!)/ Esta noche vas a viajar / Esta noche vas a viajar en mi sidecar.
Chalaman es el tema en cuestión, formaba parte de “Vasos y Besos”, el segundo disco de los Abuelos, que salió a la venta el 9 de diciembre de 1983, un día antes de que en este país comenzara la democracia. El tema hablaba de la marihuana, si, pero un poco del amor también, e introducía algo que hasta entonces era completamente desconocido por estas pampas, el reggae.
Su autor, Daniel Melingo, músico fundamental del rock y la escena porteña, murió este martes a los 68 años.
En el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo estudio guitarra clásica y clarinete Siguió sus estudios en el Manuel de Falla y la Universidad Católica. Pero fue el rock lo que lo terminó enamorando.
En esos primeros ’80 fue, con los Abuelos primero y Los Twist más tarde, parte de esa “primavera alfonsinista” que invitaba a bailar, a celebrar y a sacudirse los años oscuros de la dictadura militar. Daniel Melingo fue fundamental en dos bandas fundamentales. Y dejó temas memorables, Chalaman, por su puesto, y en Los Twist –que fundó con Pipo Cipolatti y Fabiana Cantilo– Cleopatra, la reina del twist, Jugando hulla-hulla o En el bowling, todos ellos incluidos de otro disco clave del rock nacional, La dicha en movimiento.
Después de haber compartido esos años con Andrés Calamaro, Cachorro López y Gustavo Bazterrica, de Los Abuelos, y luego con Los Twists, partió a España donde se sumó a los Toreros Muertos, liderada por Pablo Carbonell, y más tarde a Lions Lions in Love, junto a la holandesa Stefanie Ringes, en la voz, y el también argentino Pablo Guadalupe.
En 1998 vendría su salto definitivo al tango con Tangos bajos. Es que esos acordes lo habían acompañado desde siempre. Su mamá, contó él, le cantaba tangos durante el embarazo y su padrastro había sido el manager de Edmundo Rivero.

