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Nicolás Freibrun: “En Borges, la dicotomía civilización y barbarie es tan fascinante como irresoluble”

Acaba de publicar “Borges y la política”, un texto lúcido donde, a partir de una exhaustiva lectura de sus cuentos y ensayos, intenta explicar por qué el escritor se vuelve un desafío para el peronismo, la izquierda y la derecha. La vigencia del autor de “Ficciones” en sus ideas alrededor de la democracia, el individualismo y el Estado.

“Tal vez todo libro sea, en alguna medida, el resultado de una insatisfacción”, postula el politólogo argentino Nicolás Freibrun en la introducción de su flamante libro Borges y la política (Siglo XXI Editores, 2026). La suya está vinculada a la proliferación de voces que reducen al escritor Jorge Luis Borges a un personaje antipolítica y rápidamente tildado de “gorila”. Y también a una pared que Freibrun pareciera chocarse cada vez más en la actualidad: los discursos, también reduccionistas, que ubican a la política en un terreno de suciedad, de bajeza.

Con la intención de unir dos zonas que el autor conoce muy bien –Freibrun es un gran lector de los textos borgeanos y, por su formación académica, de la teoría política– Borges y la política se presenta como un mapa estimulante de lectura del autor de Ficciones armado a partir de cuatro ejes que estructuran los capítulos: orden, individuo, historia y simulacro. En ese recorrido, que no elude las contradicciones del escritor, las zonas menos transitadas, los textos más conocidos y también los gestos menos recordados, Freibrun logra correrse de los lugares comunes alrededor de una figura tan celebrada como discutida para tironear, con elegancia y lectura, de nuevos hilos posibles que ayudan a abordar una obra infinita.

– Pertenecés al ámbito de la ciencia política. ¿Por qué decidiste trabajar sobre Borges y por qué lo hiciste ahora?

– Por un lado, debo admitir una cierta fascinación histórica con Borges. Diría que soy un lector borgeano. Me gustan mucho la literatura y la ficción y con Borges fui generando una suerte de relación en el tiempo, que luego empezó a articularse con mis otros intereses que vienen de mi formación. De la teoría política, básicamente, pero también de mi interés por la historia y otras disciplinas. Entonces, en algún momento, empecé a leer a Borges también en esa clave a partir de un eje que podría ser la política, o lo que yo llamo más específicamente lo político. Esta es una distinción que armo para hacer una separación entre la política de todos los días, la política rutinaria, la política de los partidos o de las elecciones, con algo que no es quizás tan visible o que no es tan frecuente en el lenguaje cotidiano, y que me parece que es algo de lo que Borges y muchas ficciones pueden dar cuenta. En ese sentido es que armé el índice a partir de ejes como el individuo, el orden, la historia, el simulacro. Ahí hay cuestiones que me parecen interesantes, por ejemplo la cuestión de la historia y la verdad. Temas que a Borges le importan mucho y que en la ficción aparecen, aunque desplazados. A mí lo que me interesaba es que uno puede ver que la ficción lo que hace es ponerlos de otro modo, desplazarlos, precisamente ficcionalizarlos. Al mismo tiempo, me interesaba ir más allá del Borges oral de las entrevistas, que es un Borges muy conocido o más popularizado. Un Borges que se repite a veces a sí mismo y que hizo de eso un mundo propio. A mí me interesaba ir más a los textos, salir de incluso las dicotomías muy típicas de Argentina, como peronismo-antiperonismo, ir un poco más allá de eso para trabajar en los textos. ¿Puede haber política en los textos? ¿Puede aparecer lo político en los textos? Me parecía que sí y así empecé. 

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