
A sus 95 años, 5 meses y 15 días, Jordi Pujol se conectó el pasado lunes por videoconferencia desde su casa de Barcelona con la Audiencia Nacional para participar en el juicio sobre el origen de la fortuna oculta de su familia. Así dejó una de las imágenes de la vista oral: el expresident, en primer plano y con una librería de fondo, escuchando cómo le comunican que el proceso sigue adelante contra él, pese a los informes médicos que han concluido que no está “en condiciones”. Esta decisión ha provocado que un sector del independentismo se lance contra el tribunal. “Es intolerable”, cargó Josep Rius, portavoz de Junts. “No tienen límites”, añadió Josep Rull, presidente del Parlament. Al expolítico se le ha eximido de asistir a las sesiones del juicio, y ni siquiera tiene que seguirlas a distancia. Solo está obligado a comparecer cuando declare como acusado (cita prevista para la primavera de 2026) y, además, los magistrados no descartan volver a valorar su estado de salud para tomar una decisión distinta a la adoptada esta semana.





