Para sobrevivir, al ser humano le basta con dos bebidas: la leche, al principio; y el agua, siempre. El resto de brebajes no se antoja obligatorio, al menos desde el punto de vista médico. Aunque millones de habitantes del planeta discreparían: han convertido vino, mate, té o sake en compañeros (más o menos) habituales de su existencia. Hace más de 6.000 años, en concreto, desde que los mediterráneos empezaron a producir aceite de oliva. No será necesario, pero vete tú a prescindir de él. Ya representa mucho más que un líquido: pausa, placer, hasta orgullo identitario o de Estado. Un asunto tan serio que los creadores portugueses Rôla y Costa lo han homenajeado con lo que mejor se les da: un juego. Sobre la mesa, en lugar de un cuenco y un buen pan, invitan a colocar Oliva. Pero nada impide aliñar la partida con una cata. Así, la victoria sabe mejor. Y la derrota, ni tan mal.
