
Entre influencers, inteligencia artificial, estrellas de Hollywood y drogas para adelgazar, cada vez más mujeres viven atrapadas en la exigencia de ser flacas. Especialistas advierten cómo las redes sociales, el mercado y los mandatos sobre la feminidad profundizan una relación cada vez más violenta con el cuerpo.
La delgadez siempre fue presentada como una aspiración social, aunque detrás de ese ideal se esconde un problema que atraviesa generaciones. Ahora, además, a esa presión se le suman algoritmos, inteligencia artificial, influencers que dicen qué hacer, una industria farmacéutica que vende inyecciones “mágicas” y una sociedad cada vez más perdida entre lo virtual y lo real.
En ese contexto, la extrema delgadez de figuras como Demi Moore o Nathy Peluso volvió a instalar debates sobre los cuerpos, los modelos de belleza y las nuevas formas de presión estética.
Antes se llamaba dieta. Ahora se llama detox. O wellness. O hábitos saludables. Ya no se habla solamente de bajar de peso, sino de “desinflamar”, “limpiar el cuerpo”, “verse mejor”, “sentirse bien”. La lógica es más sofisticada, pero el mensaje sigue siendo el mismo: hay que achicarse.
Los detox están de moda hace rato. Se venden jugos verdes, ayunos intermitentes, desayunos proteicos y rutinas imposibles bajo la promesa de bienestar y éxito personal. La disciplina aparece como virtud máxima: si no vas al gimnasio, si no comés orgánico, si no controlás tu cuerpo, pareciera que también fracasás en todo lo demás.






