El historiador y ensayista analiza el avance de las extremas derechas, la crisis de las izquierdas y el fenómeno Milei como expresión de una época marcada por la batalla cultural, el resentimiento y el desgaste de la democracia liberal. A partir de “Un fantasma recorre el mundo” (Siglo XXI Editores), reflexiona sobre el antiwokismo, el tecnolibertarismo y las nuevas formas de reacción política.
Pablo Stefanoni, historiador, periodista, ensayista argentino, arroja una mirada abarcativa del país y del mundo en sus libros y artículos. Será esa formación y prácticas diversas lo que lo llevan a ir y venir del árbol al bosque con soltura y solidez. Así lo leímos en ¿La rebeldía se volvió de derecha? Cómo el antiprogresismo y la anticorrección política están construyendo un nuevo sentido común (y por qué la izquierda debería tomarlos en serio) y lo comprobamos en su flamante ensayo, uno de los más vendidos por la editorial Siglo XXI en la última Feria del Libro de Buenos Aires, Un fantasma recorre el mundo. Cómo funciona la máquina de guerra reaccionaria (y qué podemos hacer para enfrentarla), en el que va por más.
De Marx a Milei a Elon Musk, de las izquierdas a las extremas derechas, del peronismo a los movimientos antisemitas a los grupos de resistencia, del “wokismo” al genocidio en Gaza, de la batalla cultural a la guerra reaccionaria, Stefanoni analiza la Argentina y el mundo hoy en toda su complejidad. Cada capítulo es ancla y es imán para la lectura: “Diga 22: esto es fascismo”, “Apocalipsis woke. Lo bueno, lo malo, lo intrascendente”, “Israel über alles: ¿qué significa el hipersionismo de las derechas?” o “Salida. Milei o el libertarismo hidropónico” invitan a la reflexión sin concesiones.
“Hoy la democracia liberal —como institucionalidad y como ideal—, al igual que los derechos sociales, está en crisis, y los socialistas tenemos —o deberíamos tener— algo que decir”, se posiciona el autor en esta entrevista con elDiarioAR. Y lo dice.
Pasen y lean.
–En Un fantasma recorre el mundo, dialogás con la frase del Manifiesto comunista “Un fantasma recorre Europa”, para hablar de la internacional reaccionaria.
–Hay un cierto juego en el título: sin duda, el fantasma hoy es el de la neorreacción, pero a su vez la extrema derecha agita el fantasma del comunismo como si estuviéramos en plena Guerra Fría.
–Insistís en que la “batalla cultural” es un modo de minimizar la “máquina de guerra reaccionaria”, un concepto mucho más ajustado pero difícil de digerir. ¿Cómo opera hoy esa retórica para disputar la calle y el sentido común?
–La máquina de guerra ideológica reaccionaria contemporánea no es una sala de mandos con un villano al centro apretando botones, –sino algo quizás peor: un ecosistema descentralizado, más o menos articulado, que disputa el sentido común progresista, alimenta y se alimenta de la xenofobia y el racismo, promueve diferentes paranoias y, de manera más amplia, como propone el estadounidense Steve Bannon, “inunda la zona de mierda”. Ese ecosistema puede combinar think tanks más tradicionales, milicias digitales hábiles en el manejo del baiteo, influencers, estructuras gubernamentales y tecno-oligarcas que odian la democracia. Sus impulsos vienen de arriba pero también desde abajo. La extrema derecha global opera más como una red de resonancia emocional que como un proyecto homogéneo, de hecho las diferencias entre sus diferentes tendencias y líderes son muy amplias. Las emociones compartidas crean la sensación de un proyecto político común allí donde en verdad no lo hay y los contenidos programáticos sean incluso contradictorios o intercambiables. Basta mirar las diferencias entre Trump y Milei en cuanto a sus políticas.

