El niño indicó un baobab. “Allí”, explicó”, ahorcaron a Pinocho”. Su interlocutor, el adulto Giordano Bruno Guerri, aun lo recuerda con asombro. Y eso que cada día toca con mano la fama del personaje: preside la fundación dedicada al autor de la obra, Carlo Collodi. Pero aquello no se lo esperaba: en Manaos, en la Amazonia brasileña, un pequeño “creía en serio” que las aventuras del libro habían sucedido allí. ¿Por qué no? La historia le resultaba familiar, podía haber ocurrido de verdad. Y justo al lado. O en Curaçao, Irán, Somalia y cualquier otro lugar donde se haya editado. Es decir, todo el planeta: se contabilizan 669 traducciones en 192 lenguas y dialectos. “Es el libro más leído y vendido del mundo junto con los dos de las principales religiones”, ha escrito Daniela Marcheschi, experta en el texto y su creador. Y no consta que a la estudiosa se le haya alargado la nariz. Razones, entre muchas, para que la Feria de literatura infantil y juvenil de Bolonia, la mayor del sector, celebre hoy el Pinocchio Day. Con una exposición y charlas sobre su vigencia, el año en que Collodi cumpliría dos siglos. Tras tantos esfuerzos por convertirse en niño, la marioneta ha ido más allá: se ha hecho leyenda.
Pinocho no solo se hizo niño, sino leyenda

