
Al cierre del año, la tarjeta SUBE continúa como el eje del transporte público argentino. El mecanismo de “saldo negativo” permite a los usuarios viajar sin crédito. Durante diciembre, este margen de descubierto es vital para millones de pasajeros.
El descubierto máximo permitido no registra modificaciones desde mediados de año. Es de $1200 para colectivos de todo el país, subte porteño y transporte fluvial del Delta bonaerense. Para trenes del AMBA —Mitre, Sarmiento, Roca, San Martín, Belgrano Norte y Sur— y Tren del Valle, en Neuquén, el tope se mantiene en $650.
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El funcionamiento es simple: si el costo del boleto está dentro del margen habilitado, el viaje se valida normalmente. Al recargar, el sistema descuenta primero la deuda. Así, la SUBE garantiza la movilidad de los pasajeros incluso al quedarse sin saldo.
En paralelo, avanzó una modernización que amplió las alternativas de pago. La novedad es abonar el pasaje apoyando el celular sobre el lector vía NFC o en dispositivos sin esa función, generando un código QR para escanear en el validador.
La aplicación oficial posibilita cargar saldo con débito o billeteras electrónicas, verificar crédito en tiempo real y decidir si beneficios —como Tarifa Social o descuentos por combinaciones— se aplican a la tarjeta plástica o digital. El subte porteño ya sumó el pago con tarjetas bancarias y virtuales, al igual que algunas líneas de colectivo, siguiendo una tendencia global de medios de diversificación.
El saldo negativo no se limita al AMBA; está activo en ciudades del interior con tecnología SUBE. No obstante, donde la tarifa mínima supera los $1200 por aumentos recientes, el descubierto puede resultar insuficiente para un viaje completo. La política oficial mantiene criterios uniformes en todo el país.







