Apodado ‘El doctor’, el brasileño capitaneó a su selección en el Mundial de España 82 y fue artífice de la Democracia Corinthiana, un movimiento horizontal en el fútbol en plena dictadura militar en su país.
Contra las disposiciones y el Gobierno: los jugadores argentinos exhibieron una bandera de Malvinas
Corría el año 1982. España estaba a punto de dar por finalizado el periodo de la Transición (al menos, según los libros de texto). Leopoldo Calvo Sotelo era aún presidente del Gobierno y cada salón español conocía a Naranjito. Era 5 de julio, pleno Mundial de fútbol y en el barrio barcelonés de Sarrià —donde se ubicaba entonces el estadio del RCD Espanyol— se enfrentaban dos de las selecciones más laureadas de todos los tiempos: Italia y Brasil. Los sudamericanos maravillaban con su fútbol arte, eran favoritos y habían arrasado a la Unión Soviética, a Escocia, a Nueva Zelanda y a Argentina. Les valía un empate. Perdieron. Los italianos ganaron el partido y, más tarde, el torneo: su tercera estrella en el escudo y Paolo Rossi como ídolo. Pero era entre los brasileños, en la llamada ‘Canarinha’, donde jugaba Sócrates, apodado ‘El doctor’.
Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira —conocido simplemente como Sócrates— era el capitán de aquella selección. Nacido en 1954, tenía 28 años cuando recaló en España 82 para maravillar al mundo. Espigado, con una altura de 1,92 metros, tenía un porte elegante y su juego era técnico e inteligente. Había estudiado y ejercido la medicina antes de dedicarse profesionalmente al deporte, de ahí su apodo. Aquel 1982 fue mucho más que una Copa del Mundo: nació una nueva forma de entender el fútbol. Es la historia de un futbolista distinto: uno que no dudó en introducir la política en el deporte (o viceversa). Y le salió bien.
Brasil estaba dominada en esos momentos por una dictadura militar. Vivía una de las peores crisis económicas de su historia hasta la fecha y su selección nacional era el deleite del pueblo —brasileño, pero también internacional—. Aquel fue, dicen, el mejor equipo que jamás ganó un Mundial. Llegó a España como favorita y se fue en segunda ronda.

