
El hígado graso es una acumulación anómala de ciertas grasas (triglicéridos) en el interior de las células hepáticas, según el Manual MSD de medicina. Esta condición puede presentarse en cualquier persona, con o sin consumo de alcohol.
La acumulación de grasa causa que el órgano se inflame y se vea vulnerable a otras enfermedades como la fibrosis, cirrosis, hepatitis o insuficiencia hepática.
De acuerdo con Mayo Clinic, algunos de los factores que pueden contribuir al hígado graso son el sobrepeso, la obesidad, la resistencia a la insulina, la genética, la diabetes tipo 2 y los niveles altos de triglicéridos en la sangre.
La complicación más común derivada del hígado graso es la cirrosis, que se desarrolla a causa de una lesión. Cuando el hígado intenta detener la inflamación, se causan áreas de cicatrices que afectan el tejido hepático.
Una de las maneras de prevenir esta condición es con una dieta saludable que limite el consumo de bebidas alcohólicas y azucaradas. También se recomienda controlar el peso, realizar ejercicio físico y nutrirse de frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables.
El Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos recomienda que las personas que sufren de hígado graso cambien su estilo de vida.
Es importante que aumenten su actividad física y controlen su dieta. Sin embargo, un estudio publicado en la revista de Endocrinología, Diabetes & Metabolismo encontró que el magnesio tiene la capacidad de combatir la esteatosis hepática.
Los académicos probaron que un aumento en la ingesta de magnesio puede reducir significativamente el nivel de colesterol, que está directamente relacionado con el hígado graso.

Esto se debería a que el magnesio regula el metabolismo de la glucosa y los lípidos. Además, reduce la inflamación del hígado.
El magnesio, esencial para ayudar a disminuir el porcentaje de grasa en el hígado, se encuentra en verduras de hojas verdes como la espinaca, la acelga y el kale. Además, se puede consumir mediante la ingesta de frutos secos como las almendras, las nueces y los pistachos.
Otros alimentos que contienen este mineral son las legumbres, como las lentejas, los garbanzos y los frijoles, junto con cereales integrales, como la avena, el arroz integral y la quinoa.
Por Silvia Contreras Rodelo






