
En apenas unos meses del siglo XXI, la anhelada transformación digital ha dado paso a la transformación inteligente. Estamos en la era de la inteligencia artificial (IA) nativa, un proceso de revolución continua que avanza a zancadas y requiere de mucha capacidad de respuesta. Los sistemas que se heredan en una empresa, por ejemplo, suelen ejecutar procesos críticos, pero la presión para modernizarse y adaptarse a las exigencias del mercado nunca había sido tan perentoria. Tanto en los comités de dirección como en los equipos responsables de los datos lo saben: el reto de migrar décadas de datos, lógicas integradas, evoluciones mal documentadas y procesos asociados hacia plataformas modernas suele constituir una tarea costosa, lenta y con alto nivel de riesgo. Un error puede traducirse en interrupciones operativas o pérdidas de información clave. Pero la IA, en este escenario, ha venido a echar algo más que una mano. Es el caso de AIMi, la herramienta de migración que forma parte de Orbitae, la marca de SDG Group volcada y especializada en la IA.






