
Antes de ser Picasso, pionero del cubismo, figura decisiva del arte del siglo XX y ateo confeso, Pablo Ruiz (1881-1973) fue un niño educado en un entorno profundamente católico. Ese bagaje cultural, interiorizado desde la infancia, nunca lo abandonó. La Biblia fue con frecuencia fuente de inspiración para expresar su visión personal y terrenal del mundo. Aunque en la madurez el artista malagueño se rebeló contra la religión, sus pinturas, dibujos y esculturas mantuvieron un diálogo constante con la tradición, llevando su arte más allá de los límites de su tiempo. Así lo demuestra Picasso. Raíces Bíblicas, una exposición que reúne 44 obras del autor en la Catedral de Burgos, la misma que visitó en agosto de 1934 en el que sería su último viaje a España. Más de noventa años después, regresa a ese templo en una muestra centrada en la influencia religiosa en su trabajo.






