

Todo en la biografía de António Lobo Antunes fue mayúsculo, ciclópeo, colosal. También lo es su muerte. El hueco que deja el más grande escritor portugués de la literatura contemporánea es uno de esos agujeros negros del espacio que ya había comenzado a dibujarse cuando su enfermedad le fue retirando de la escritura y de la memoria. Su fallecimiento, ocurrido este jueves en Lisboa, fue confirmado por la editorial Dom Quixote, donde publicó más de una treintena de novelas, crónicas y ensayos que se sucedieron casi de forma compulsiva mientras su autor fue dueño de las palabras. Lobo Antunes tenía 83 años y llevaba varios retirado en su domicilio tras el avance de una de esas dolencias que arrebatan los recuerdos.






