
Antoni Tàpies (1923-2012) pintó y dibujó infinitas cruces, que no tenían la simbología cristiana que se suele asociar en Occidente, sino que representan encrucijadas vitales, de caminos, o literalmente la letra T de la inicial del nombre de Teresa Barba, su “gran amor”, su compañera de viaje a lo largo de su vida. Lo ha recordado este jueves Fernando Castro Flores en la presentación de la exposición Tàpies. Última década (2002-2012), que exhibe hasta cinco obras nunca expuestas entre las 22 que compone la selección, todas ellas de la colección de la familia del creador catalán, a excepción de un inmenso lienzo, propiedad del centro.






