
No tengo datos de audiencia ni me interesan, pero sospecho que cada vez hay menos público haciendo vigilia en compañía del televisor hasta las cinco de la madrugada para ser testigo de ese ritual de pompa y circunstancias llamado ceremonia de los Oscar. O sea, el reconocimiento de la sagrada Academia de Hollywood a la gente que ha creado el mejor cine del año. Yo la seguí durante muchos años. Siempre con compañías gratas y graciosas y sin que faltara ese complemento tan estimulante llamado alcohol.






