

El 22 de julio 2011 Anders Breivik perdió la cabeza. 78 personas perdieron la vida. Un ataque terrorista, una bomba-carro en el edificio que contenía la mayoría de los ministerios, destrozó el corazón político de Oslo. En ese lugar murieron ocho personas. En medio de la confusión, Breivik logró huir, disfrazado de policía, hasta la isla de Utoya, a 40 kilómetros de la capital noruega. En esa isla había un campamento de verano, organizado por el partido laborista, en el que se habían reunido 650 jóvenes. Muchos confiaron en el policía e hicieron lo que les indicaba, que se juntaran. Una vez los tuvo recogidos, comenzó a disparar.










