A causa de los distintos precios que se ven en línea según cada dispositivo, en Nueva York se debate un paquete de leyes que pronto podría cambiar el comercio. Las medidas, impulsadas por la fiscal general Letitia James, forman parte del Paquete de Precios Justos y limitarían el uso de datos personales y algoritmos para fijar los precios. Así, garantizarían que a los neoyorquinos se les cobre la misma cantidad de dinero por el mismo producto.
El paquete que busca aprobar la fiscal general, con el apoyo del líder adjunto de la mayoría del Senado, Michael Gianaris, y otros representantes, consta de dos proyectos de ley.

De acuerdo con el comunicado compartido por la oficina de James, este sistema de fijación de precios consiste en que las empresas utilizan datos privados de los usuarios para establecer precios individualizados.
La práctica a menudo resulta en que ciertos consumidores pagan más dinero por productos esenciales que otros.
Según James, el proceso inicia cuando las plataformas en línea recopilan miles de datos sobre cada consumidor, desde sus compras habituales hasta la fecha de cobro, e incluso el tiempo que observan un producto.
Posteriormente, las compañías utilizan esta información para alimentar algoritmos de precios que se actualizan continuamente para estimar el precio máximo que un consumidor estaría dispuesto a pagar.
Como resultado, dos compradores podrían visitar el mismo sitio web al mismo tiempo y ver dos sumas diferentes para el mismo producto.
“En un momento en que los neoyorquinos ya enfrentan precios más altos en todas partes, debemos usar todas las herramientas a nuestro alcance para protegerlos y mantener los costos bajos”, remarcó James.
La fiscal general indicó que los proyectos de ley incluidos en el Paquete de Precios Justos protegerían a los consumidores de Nueva York y a sus familias de la siguiente manera:

Un estudio reciente, citado por James, reveló que el 74% de los productos analizados se ofrecían a los consumidores a varios precios diferentes. Además, algunos artículos se vendían hasta a cinco valores distintos simultáneamente.
A finales del año pasado, un informe de Groundwork Collaborative dejó en evidencia este tipo de prácticas. Las principales conclusiones del estudio, elaborado en conjunto con Consumer Reports y More Perfect Union, fueron:
Las etiquetas electrónicas (ESL, por sus siglas en inglés) también permiten a las empresas modificar los precios en las tiendas.
De esta manera, un cliente podría comprar un galón de leche a un valor, mientras que otro pagaría más por el mismo producto ese día.
La asambleísta estatal Emérita Torres, demócrata del Bronx, que patrocina la ley, aseguró haber sido víctima del esquema.
“Soy madre de dos niños pequeños menores de tres años y compro muchos pañales. Mi pareja no compra tantos como yo. Así es como funciona en casa, pero nos cobran precios diferentes. A él le pueden costar un dólar más, o quizás unos centavos menos”, explicó.






