
“A lo mejor nuestros nietos ya no sabrán que existió la ketamina y solo hablarán de Spravato”. La investigadora cultural Marta Echaves (Arganzuela, Madrid, 35 años) tuvo un “mal augurio” cuando Estados Unidos aprobó en 2019 comercializar Spravato, un medicamento antidepresivo de esketamina —un derivado de la ketamina— en forma de spray nasal. Distribuido por la unidad farmacéutica de Johnson & Johnson’s, el spray que recuerda en su envase a un simpático cohete en miniatura cuesta entre 500 y 700 euros. La patente expirada de la ketamina como medicamento genérico apenas supera los 50 céntimos. “Con esa estrategia confirmé que cualquier estado de alteración de conciencia siempre acabará siendo un espacio de cooptación para la industria clínica”, cuenta esta licenciada en Filosofía graduada en el Programa de Estudios Independientes (PEI) del Macba el último año que lo dirigió Paul B. Preciado (“figura crucial en mi pensamiento”, señala).






