Café, choripán y dulce de leche: el “avión” argentino que aterrizó en Miami y busca más destinos

La NaciónLa Nacion05/04/202622 Views

MIAMI.— ¿Un avión con rica comida? Sky Coffee Buenos Aires tiene más opciones que pollo o pasta. ¿Tostado de miga o panqueque con dulce de leche? ¿Choripán o lasaña? ¿Café Casa Rosada o Glaciar Perito Moreno? Aterrizado en pleno downtown de Miami, entre rascacielos y edificios en construcción, esta “aerolínea” con sello argentino es el sueño de una empresaria que plasmó su amor por la aviación en un concepto de negocio único en todo Estados Unidos. Y que se prepara para ampliar la flota.

Vendió su casa para crear en Miami el Sky Coffee Buenos Aires

En su juventud, Rosana Bentos quiso ser azafata, pero no la contrataron por falta de altura. Nació en Uruguay, pero forjó su identidad en Argentina. “Ahí pasé mi adolescencia, es una edad que te marca”, le asegura a LA NACION.

A los 19 años llegó a Miami junto a su novio. Después de haber trabajado en distintos rubros (tuvo carrito con choripanes, fue agente inmobiliaria y puso un taller de chapa y pintura), se separó de su pareja y tuvo que volver a empezar.

Amante del café, de la Argentina y de la aviación, imaginó unir sus tres pasiones en un café temático: poner un local con el diseño interior de un avión.

Así, esta emprendedora empezó a indagar dónde conseguir los asientos y terminó comprándolos en un pueblito cerca de Orlando.

Pero al llegar vio que estaban sacando las butacas de un avión y tuvo una sensación extraña en el estómago. Fue amor a primera vista.

“Quería ese avión. Le pregunté al dueño y me dijo que no estaba a la venta. Me quedé con su teléfono; al mes lo llamé y se volvió a negar. Yo no tenía el dinero para comprarlo, pero puse en venta mi casa y, con el dinero en mano, seguí insistiendo. Su esposa quería venderlo y él no. Finalmente, ella logró convencerlo”, relata Bentos.

Luego se puso en contacto con la división que otorga licencias profesionales y comerciales en la capital del estado, en Tallahassee, para ver de qué forma hacía legal este concepto, único en Estados Unidos.

“Ellos me pidieron que pusiera el avión sobre ruedas para que tuviera movilidad para trasladarlo en caso de huracán, y me dijeron que tenía que cortarlo (ahora termina antes de las alas), entre otros requisitos. Así obtuve los permisos, y lo demás fue fluyendo, la gente fue muy colaborativa”, explica.

La habilitación fue nueva para todos, porque si bien lo más parecido es un food truck, allí los clientes no entran, mientras que al avión sí.

La odisea de llevar el avión a Miami

El traslado de la aeronave también fue una hazaña. “Lo que juega en contra es el transporte que, al final, te sale más caro que el avión. Lo transportó finalmente una empresa que tiene licencia para recoger aviones o avionetas que quedan, por ejemplo, en el agua”, dice.

“A mí el avión me salió un poco más caro por estar en Florida. En Arkansas y Arizona están los cementerios más grandes. Si buscás algo específico, tenés que ir ahí. Son más baratos: podés encontrar un avión por US$40.000, pero hay que desarmarlo, sacarle las alas, y todo eso vale su dinero, porque tiene que hacerse con personas licenciadas en eso, sumado a que el transporte te lo cobran por milla. Un transporte de Arkansas hasta acá no baja de US$35.000”, explica Bentos. En Florida hay hangares, con menos stock, pero la cercanía termina abaratando el costo.

Una vez con el avión en su poder, que alguna vez perteneció a Delta, lo primero fue localizar un terreno. Primero lo puso en Brickell, luego lo mudó a Edgewater y próximamente volverá a Brickell. Conseguir terrenos en lugares tan céntricos es un arte.

Los iglúes en el patio de Sky Coffee Buenos Aires

“Los terrenos vacíos se venden para construir, es la contra que tiene. Yo quiero lugares céntricos, como Downtown, Brickell, Edgewater, y corrés con el riesgo de que Miami va creciendo super rápido y toca mudarse. Pero para quienes tienen un lote, es bueno tener una persona ahí, y hacen un dinero extra que por lo menos le cubre los impuestos de la propiedad que está vacía”, asegura la emprendedora.

Si bien así se ahorra la puesta a punto de un local al trasladar el avión, cada mudanza requiere sacar nuevos permisos, presentar planos, hacer el concreto, mudar el avión y las partes. “La última vez fueron US$ 65.000”, recuerda.

Mientras tanto, está poniendo a punto su segunda locación. Ya tiene contrato por 20 años en el Miami Trade Center. Allí, otro “avión” va a estar dentro del edificio, con la trompa hacia el exterior. “Como si estuviera incrustada”, detalla Bentos.

Cómo es el menú de Sky Coffee Buenos Aires

La empresaria diseñó el menú con gastronomía argentina y los cafés con nombres alegóricos:

  • El “Casa Rosada” (de red velvet)
  • El “Glaciar Perito Moreno” (con malvaviscos)
  • El “Tierra del Fuego” con un oro comestible sumergido de 24 quilates (spoiler alert: es una trufa de chocolate envuelta en metal dorado)
  • El “1986”, por el campeonato conseguido por la Selección argentina en el Mundial de México (un capuchino de color azul con franjas de leche blancas como la bandera).

Además, hay frappuccino de Bon o Bon, de Marroc… cada uno cuenta su historia. Bentos vende 1200 cafés por día y en el local frecuentemente hay cola, pero no es por seguridad ni aduanas, sino porque combina precios razonables con rica comida.

Y como no podía faltar en una casa argentina, Sky Coffee Buenos Aires sirve mate.

“A los turistas les gusta probar cómo sabe. Se lo llevamos con la bombilla; lo han probado rusos, chinos, muchos turistas. Tenemos alfajores artesanales, panqueques con dulce de leche, sándwiches de miga. Comida que yo misma extrañaba. Y también parrilla con carne argentina”, agrega Bentos.

Experiencia de vuelo en el local de Florida y el sueño de crecer

Los pasajeros pueden subir las escaleras y entrar al avión, inspeccionar la cabina de mando y llegar por el pasillo hasta el mostrador, donde hay productos argentinos para comprar. El comisario de a bordo toma las órdenes.

El avión cuenta con cuatro asientos de un lado del pasillo y cuatro del otro, con una mesa en el medio, pero allí no puede comer nadie, ya que necesita una habilitación diferente.

“Ahora me la quieren habilitar, pero estamos pensándolo. Al principio estaba habilitado, pero al ser una sola mesa, la gente se peleaba por sentarse ahí”, explica la empresaria.

Bajo los árboles y las pérgolas, los clientes pueden sentarse en otras mesas. Hay también iglúes que protegen del viento y la lluvia, y el resto del oasis se compone de algunas gallinas amistosas que se acercan y se van.

La aerolínea está en plena expansión. El año que viene, Bentos tiene pensado abrir la tercera ruta (o más bien locación), en un edificio que ya está en construcción.

“Si Dios quiere, nos seguiremos expandiendo. Quizá abrir en Buenos Aires y otro en Punta del Este”, anhela esta mujer que soñó con ser azafata y que hoy es piloto de su propio negocio.

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