Cualquier persona que llegue al aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires se sorprende al ver un edificio levantado sobre el agua. Es una verdadera rareza: un palafito único en su estilo en Argentina; una joya del barrio de Palermo, con una hermosa historia como sede del primer club de pesca del país.
El Club de Pescadores se fundó el primer día de agosto de 1903. No necesitó añadir en su nombre la locación, porque no había otros clubes que reunieran a estos aficionados en Argentina y quizá en toda América Latina.

Aunque la institución celebra su cumpleaños cada 3 de agosto e, incluso, desde hace décadas es el Día del Pescador Deportivo, está documentado que el club nació el primer día de ese mes, Probablemente para acomodar los festejos del cincuentenario, se cambió la fecha al día 3 en 1953.
El club se formó por la asociación de un grupo de hombres que pescaban en el abandonado Muelle de los Franceses, en la prolongación de la calle Ayacucho sobre el río de la Plata, donde una compañía de ese origen había descargado carbón para una usina alemana.

Las modestas instalaciones que levantaron fueron destruidas por un terrible temporal en 1905. El sereno Isaías Martínez se salvó, porque alguien vio su delicada situación desde un tren y avisó personalmente en el diario La Prensa, donde alertaron a Prefectura. Como todo romance, los pescadores y su río tendrán constantes luchas.
Los muchachos siguieron pescando con lo poco que les quedaba de muelle hasta que uno de sus socios, el futuro comisario de órdenes Julio Almanza, pidió al presidente Figueroa Alcorta, en 1910, el uso del rompeolas de la Dársena Norte.
Después de varios trámites burocráticos, se mudaron, construyeron una casilla en el ingreso y acondicionaron el muelle.

Rosario Grande fue el primer presidente del Club de Pescadores. Sin embargo, se destacó como grabador y coleccionista de medallas. Cuando murió, en 1917, tomó su lugar Félix Benavídez que, luego de la obtención de la personería jurídica, se convirtió en el primer presidente legal del club, en 1923. Benavídez era un general que había actuado en la Guerra de la Triple Alianza y diferentes luchas intestinas.
Desde 1924, se empezó a pensar seriamente en una nueva ubicación para el muelle, ya que era grande la tensión por un posible desalojo. El presidente, Carlos Ray, logró a duras penas demorar uno de tantos pedidos. Dos años después, el concejal Ray fue asesinado en su casa de Vicente López, en un caso que conmovió la opinión pública. En su lugar asumió una eminencia de la medicina ocular, el doctor Agustín Rebuffo, fundador de la primera biblioteca para ciegos de la Argentina.

Aprovechando la erección de la Costanera Norte, en 1926 el club pidió la concesión de un terreno ganado al río para construir un muelle de quinientos metros de largo por cuatro de ancho con edificio en cemento armado, a la altura de la bajada de la calle Canning (actual Salguero) o sus proximidades. La obtuvo en 1928. Fueron los inicios de la gestión del doctor Francisco Nario, uno de los presidentes más prolíficos de la entidad.
El ingeniero José Nicolás Quartino presentó los planos y se ofreció para dirigir ad honorem la construcción del nuevo muelle y su edificio social, un espectacular chalé de estilo pintoresquista Tudor. Quartino, como secretario de Obras Públicas de la Municipalidad de Buenos Aires, había comandado las obras del Balneario Municipal y de la canalización del arroyo Cildáñez, entre otras.

El proyecto estaba basado en una plataforma de hormigón armado sustentada con pilotes del mismo material insertados sobre la tosca del lecho del río. Contaba con sala de reunión, gran salón en el primer piso, comedores, depósitos, cocina, baños y diversas dependencias.
El 26 de octubre de 1931 se inauguró el muelle, cuya construcción había iniciado la empresa F. H. Schmidt, con tablas de curupay negro, separadas entre sí para que la presión del agua en crecientes no las arrancase. Schmidt y el club tuvieron serias discrepancias que terminaron en un juicio.
Ese día se colocó el primer pilote del edificio social, cuya construcción fue ganada por la firma de los expertos Dickmann, Marsilli y Tummer. Pese a las graves dificultades económicas del país y el mundo, el club no escatimó en gastos: los muebles se encargaron especialmente para esta obra a la casa escandinava Nordiska; Agar Cross ganó la licitación para colocar los mosaicos en los pisos; y José Centrone, los mármoles y granitos.
Los socios desbordaron el nuevo muelle y, como no todos tenían auto y la zona estaba bastante alejada, el club compró un auto y se lo vendió al socio Pedro Bértola en cuotas, para ofrecer un servicio conectando el centro recreativo con Plaza Italia.

Entre tanto se avanzaba en el nuevo edificio instalando agua corriente en todo el muelle, y construyendo seis piletas para el lavado de pescado y 115 roperos de acero.
El Club de Pescadores abandonó, en 1936, su sede de la Dársena Norte, donde desde entonces se encuentra la Asociación Argentina de Pesca, formada por socios disidentes.
Finalmente, el 16 de enero de 1937 se inauguró el majestuoso edificio con la presencia de Agustín P. Justo, presidente de la Nación, y su esposa Ana Bernal. Nario había logrado lo que parecía imposible tras el crack de 1929/30. Su frase de cabecera era: “se puede, siempre se puede”.
Ese mismo año, el diario La Nación solicitó un pequeño recinto en la torre para instalar un aparato de recepción de las noticias que llegaban de Europa y Norteamérica. El club se lo otorgó, pero a cambio de que el matutino trajese una línea telefónica a la institución, además de las que la empresa de los Mitre necesitara. Se convino en que el diario recibiese las noticias durante 45 a 60 minutos por día, pero extendió el plazo, sin autorización, a quince horas. Además, en lugar de un aparato receptor, funcionaban cuatro más, una estufa y un calentador eléctrico, lo que provocó el enojo de los socios.

La agencia Havas también contrató un sector de la torre para recibir información, pero, en 1940 se retiró por disminución de trabajo ante el avance de la Segunda Guerra Mundial. El espacio lo ocupó la agencia Reuters pagando 200 pesos por mes.
Ese año, el muelle sufrió su primera gran prueba: una terrible creciente provocó grandes daños, aunque no lo derribó. El empleado Tomás Plasencia se quedó durante 24 horas en el edificio, cuando parecía inminente el derrumbe.

En 1942 se terminaron de instalar, en el muelle, las luces a vapor de sodio y el primer refugio hasta donde llegaba el teléfono. El Servicio de Hidrografía estableció la estación mareográfica Palermo en el Pesquero 5 en 1949.
En 1962, el estudio de arquitectura Aslan y Ezcurra transformó la terraza en comedor, sala de estar, bar y cocina.
Varios personajes muy populares fueron socios del club, como el médico José Tiburcio Borda (sí, el del hospital). De algunos hay constancia de que eran fanáticos pescadores, como el actor “Pepe” Iglesias o el cantor José Razzano, que incitó a su compañero de dúo, Carlos Gardel, a que se se asociase.
Ningún documento avala que Gardel pescara, aunque existen constancias de cesantía por no pagar las cuotas (1932) y de reincorporación a su pedido (1933). Lo curioso es que en el carné, expuesto en el museo de la institución, figura con su nombre artístico en lugar de Charles Romuald Gardes, mientras que, por ejemplo, otro socio cantor, Hugo del Carril, está registrado con su nombre de pila, Piero Bruno Hugo Fontana.
La lista de visitantes ilustres que dejaron asentada su firma en el Libro de Oro incluye, entre otros, a Agustín Justo, Marcelo T. de Alvear, Raúl Alfonsín, Tato Bores, Luis Landriscina y Anthony Quinn.
El club fue creciendo gracias a su participación en competencias de pesca y los servicios prestados a los socios que, por ejemplo, contaron con anexos en el Delta del Paraná, Santa Clara del Mar y Chascomús.

En la década de 1990, dos clubes vecinos fueron desalojados: el anexo Chavarri, de la Asociación Argentina de Pesca, en Puerto Nuevo; y el Club de Pesca y Náutica La Rotonda, de su muelle de la Costanera Norte.
El Club de Pescadores se salvó: en 1991, la Cámara de Diputados de la Nación le había concedido el uso, por 99 años, del edificio y muelle de la avenida Costanera Norte Rafael Obligado. El proyecto lo había presentado el diputado Jorge Reinaldo Vanossi en 1985.
En 2001, el complejo fue reconocido como Monumento Histórico Nacional y, en 2002, la legislatura porteña lo amparó bajo “Nivel de Protección Estructural por ley 849.
El único gran cambio físico desde entonces fue la cesión de 50 metros del frente y la playa de estacionamiento para ampliar el aeroparque Jorge Newbery, compensada por la prolongación de cien metros del muelle y una playa de estacionamiento sobre pilotes en el agua.






