
Se lo habían recomendado. Que pensara lo que iba a decir. Por si acaso. Que lo llevara escrito en una nota. Que aquello es un agujero negro. Que te puede salir bien o te puedes bloquear y ser incapaz de decir una palabra. Él hizo caso a los consejos. Llevaba un papel escrito en un bolsillo de la americana. No le hizo falta sacarlo. Tampoco se concretaron dos de sus preocupaciones: ni se puso a llorar ni le dio un jamacuco.









