
Tras una minuciosa investigación volcada en un libro, el médico Daniel López Rosetti concluyó que sus verdugos apelaron a un ardid para que no muriera rápidamente.
El impacto de los latigazos con bolas de plomo y huesos y la fijación en la cabeza de la corona de espinas.
¿Por qué los clavos no atravesaron la palma de sus manos como suele creerse, sino sus muñecas?






