
Recuerdo que cada vez que invitaba a José Guirao a hablar a mis estudiantes, a la hora de repasar su extenso e intenso currículum en la gestión cultural, solía decir de broma algo que, por otro lado y por desgracia, la realidad confirma con demasiada frecuencia: José Guirao había sido ministro de Cultura y Deporte —uno de los más solventes y respetados, entre 2018 y 2020—, pero ministro podía serlo cualquiera. Su gran proyecto era la invención de La Casa Encendida, avisaba a los alumnos. Se trataba por mi parte de una boutade a medias, sobre todo para alguien que había dedicado su vida a la res publica, incluso cuando trabajó para fundaciones privadas, porque la res publica no es otra cosa que velar por el bien común, respetar escrupulosamente los valores compartidos y administrar con honradez el dinero colectivo.







