
En el mundo físico, la limitación por edad es bastante eficaz: sin un documento que indique la mayoría de edad, es difícil comprar tabaco, entrar en un casino o ver pornografía en directo. Aunque siempre se han podido falsificar o usar el carnet de otra persona, el mundo digital ha facilitado el acceso a contenido prohibido para millones de menores. Ahora gobiernos de todo el mundo pretenden que el mundo digital se parezca más al físico, al menos con el control de edad.






