

Cuando Nat Simons decidió cantar en castellano, muchos de sus seguidores pensaron que se metía un disparo en el pie. Aquel momento se consolidó en 2021 con el disco Felina y mostró a una artista inquieta a la búsqueda de un nuevo espacio musical distinto al que se le conocía, esto es, el perfil de songwriter de exclusivo traje de Americana. Cantaba en inglés -y muy bien-, componía en inglés, grababa en Nashville y su estética iba como un guante al concepto de vaquera de altas botas capaz de romperte el corazón con un medio tiempo como salido del algún lugar de la ruta 66. Pero ella, fiel a sí misma, tomó otro camino.







