
Hace más de un año, conocí a Ángeles Toledano en su tierra, Jaén, y sentí una suerte que se percibe pocas veces: encontrarse ante un talento descomunal, por encima de los más altos talentos. Percibí que estaba ante una artista capaz de llegar a donde llegan los más grandes, aquéllos y aquéllas que tocan lo más hondo del alma humana a la vez que son capaces de abrir puertas y hacer avanzar la música hacia territorios apenas explorados.








