

El mismo día que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, amenazó con aniquilar la civilización de Irán, Tame Impala desplegó su música como si fueran ondas especiales contra las amenazas, casi se podría decir que contra las diferencias. El sentido comunitario y colectivo que ofreció Kevin Parker, líder absoluto de este proyecto psicodélico masivo convertido en banda, pareció ofrecer un espacio acogedor y celebrativo en la noche del martes en Madrid. El mundo, ese lugar lleno de pirómanos, volvía arder, pero en el Movistar Arena Tame Impala regaló una noche de rock empático, repleto de luces y rayos, pirotecnia de primer nivel, que invitaba al goce y el recogimiento de unos y otros.








